Cascarita en el llano: una nueva oportunidad
RICARDO NAVA DIRZO
Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales
Universidad Autónoma del Estado de Morelos
ricardo.navad@uaem.edu.mx
Publicado: 1-12-2025
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“Lamentablemente, es muy difícil debutar. A pesar de dar el esfuerzo, pueden llegar extranjeros o personas con capital. Aunque no tengan un buen juego, los aceptan y no te pueden debutar. El dinero lo mueve todo. Y al llano lo mueve muchísimo. En todos lados. El fútbol ya es negocio. Ya no es diversión. Ya no es nada…”, advierte Sergio Martínez, extalachero de 28 años.
En México, millones de niñas y niños crecen con la ilusión de algún día sustentarse a través del fútbol profesional, sin embargo, pocos logran alcanzar esta meta. Dicha realidad fue mostrada accidentalmente por la FIFA, en 2023, reveló que nuestro país tiene la mayor proporción de futbolistas profesionales a nivel mundial, con 9 mil 464. Al compararlo con los 129,5 millones de habitantes (INEGI, 2023), representa un porcentaje de apenas 0,007 por ciento.
¿Qué pasa con el resto? Una de las alternativas que tienen es jugar en el submundo del fútbol llanero: en la talacha. Lo que significa que trabajan como futbolistas al mostrar sus virtudes en torneos locales, permitiéndoles recibir una remuneración económica para sacar adelante a sus familias, pagar sus estudios o simplemente sobrevivir. En la talachita no importa en qué condiciones se juegue, sea en cancha de pasto natural, artificial, lodazal o tierra; no existe un impedimento para que ruede la pelota.
Aunque no existe un contrato con sueldos estratosféricos ni cuentan con reflectores mediáticos, hay personajes que fungen como mandamás de un equipo; invierten capital en la renta del campo, adquieren uniformes, bebidas hidratantes o comidas, y por supuesto cubren el salario de los participantes. Al mismo tiempo, buscan gente talentosa que sepa mover el esférico con el objetivo de entregar victorias, títulos y diversión en la cancha.
Jugadas sin rumbo
Las experiencias de Ángel Alanís, Mario Bedolla y Sergio Martínez permiten conocer las causas por las que un joven talentoso desiste del sueño profesional e ingresa al fútbol amateur.
“Es por lo económico, porque es lo que mejor saben hacer. A lo mejor tienen miedo de intentar otra cosa, o no quieren dejar lo que tanto glorificó su vida por mucho tiempo”, comenta Mario Bedolla, extalachero de 32 años, egresado de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) como Licenciado en Educación Física. Actualmente, se dedica a la venta de productos de nutrición y es dueño de una escuelita futbolera llamada Rocky’s Team.
Fundamentalmente, la talacha emula una carrera profesional para el futbolista: el público les reconoce su esfuerzo, reciben por partido un sueldo superior al mínimo ($278.80), obtienen primas dependiendo de su rendimiento y compiten por levantar trofeos. Así lo confiesa Ángel “El Niño” Alanís, estudiante de Ingeniería Química en la UAEM, que utiliza sus domingos para jugar en la talacha con la finalidad de conseguir un beneficio económico.
“Imagínate que en dos horas les paguen desde 500 hasta 800, a que les paguen 200 pesos en un turno de ocho horas, pues ven más fácil en la talacha”, comenta el joven de 21 años.
Por amor al arte y por necesidad
El tema económico es lo más atractivo para ingresar a la talacha; en palabras de Mario, este incrementa dependiendo del nivel que tenga el jugador. Sin embargo, hay jugadores que deciden no cobrar por su desempeño, sino que lo hacen por diversión y porque mostrar sus habilidades es algo que los hace felices. Sergio Martínez, actual estudiante de Ciencias del Deporte en la máxima casa de estudios morelense, cuenta que nunca le apeteció obtener un sueldo: “Jugaba por diversión y porque lo hacía con personas que me conocían. Eso me ayudaba a distraerme de la escuela, de los problemas familiares o de cualquier otro problema”.
Esto se contrasta con el caso de Ángel, quien percibe la talacha como un trabajo donde necesita moverse por diferentes localidades de Cuernavaca, Jiutepec y Emiliano Zapata para encontrar un patrón que lo necesite. Desde hace casi dos años cobra, siendo su principal fuente de ingresos para continuar sus estudios y cubrir gastos personales. “Al final es fútbol, a mí me gusta jugarlo y me apasiona, y si es recompensado económicamente mucho mejor”.
Barreras profesionales
Lo interesante aquí es, si a una persona que se le da jugar fútbol y lo hace de buena manera, al grado de recibir invitaciones constantes para disputar competencias en diferentes municipios de su estado o barrios de su localidad, ¿por qué no logró ser profesional? La respuesta es multifactorial, pues depende del contexto cultural, social y económico en el que se desarrolló el individuo.
“A los 13-14 años fui a Querétaro y me dijeron que había pasado el filtro, pero a esa edad todavía no daba casa club (el Club Querétaro) y me tenía que ir a vivir allá. Era un gasto económico que mi familia no podía hacer. Ahí fue cuando decidí no ir al siguiente filtro. No me iba a arriesgar por algo que no era seguro, probablemente hubiera perdido años de segundaria y preparatoria por ir a un lugar donde no conocía a nadie y no sabía qué iba a pasar”, recuerda “El Niño”.
Dentro de esta línea, la falta de recursos impide continuar con el sueño y simultáneamente el pasar del tiempo cobra factura. En la transición de la infancia a la adolescencia, los seres humanos transforman sus gustos e intereses, interviniendo en la decisión entre estudiar o seguir probando suerte.
“Fui creciendo, ya no había categorías para mi edad. Jugué en Necaxa hasta los 14 años, ahí estaba en la secundaria y pues cambiaron mis hobbies y hábitos. Aunque seguía jugando los fines de semana en el barrio. El sueño se apagó hasta que entré a la universidad, me centré en lo que quise y en lo que podía hacer con lo que tenía. Yo sabía que por la edad no podía ser óptimo para debutar en profesional, ni siquiera en básicas, y mejor me enfoqué en lo que sí me dejaba”, menciona Bedolla.
Otras alternativas
En el mejor de los casos, la vida académica permite un posible ingreso al campo laboral, en el que se puede lograr una antigüedad y generar un sueldo para adquirir un patrimonio y construir una familia. Por otra parte, Ángel supone que, si hubiera sido futbolista, su carrera hubiese durado poco tiempo, considerando que dicha profesión dura entre 15 a 20 años, como máximo, sin lesiones o problemas extra-cancha de por medio.
“El sueño al final de cuentas te va a costar, pero si económicamente no tienes quien te ayude o quién te apadrine, pues optas por estudiar y trabajar. Lamentablemente, para mí así fue. Tuve que elegir entre terminar una carrera o perseguirlo porque económicamente no tenía para sustentarme ni mis papás para apoyarme al cien por ciento”, platica Mario.
Perdida de la ilusión
Llegar siquiera a una de las cinco divisiones profesionales se ve atravesado por conocer o no a una persona importante dentro del medio. El extalachero Sergio Martínez de 28 años, proporciona un ejemplo del nepotismo fungiendo como una especie de bache que frena la llegada de una persona a un equipo por su propio mérito y talento: “Si no estás relacionado con una persona importante o que te vea, es muy difícil. Eso me impidió crecer un poco más. Por ejemplo, cuando era niño estaba en Atlante, entrené con el hijo de Fernando Arce (exfutbolista), que ahorita está en Toluca FC (Fernando Arce Juárez). Tenía el pase directo en cualquier equipo por su papá, entonces la tenía muy fácil. Yo creo que, si su papá no hubiera sido futbolista, a lo mejor no hubiera llegado a un equipo profesional”.
Por otra parte, Mario coincide en la corrupción del futbol mexicano, al asegurar que, los equipos tienden a pedir dinero para debutar hasta en la división más baja de México: Tercera División Profesional (TDP). Asimismo, ahonda en las preferencias que tienen los hijos de exfutbolistas o políticos por encima del futbolista llanero que no tiene contactos, pero sí buen futbol.
En este sentido, los factores anteriormente abordados permiten interpretar que un jugador necesita tener capital e influencias para llegar al profesionalismo. Al impedir que el talento futbolístico en México sea descubierto y se potencialice, no les queda de otra que abandonar la ilusión del campo recién cortado, reglas de juego establecidas, asistencia médica, reflectores y sueldos millonarios para moverse en un terreno fangosos que pareciera ser una moneda al aire que decide su camino.
Referencias
INEGI, E. (2024). Encuesta nacional de la dinámica demográfica 2023. ENADID 2023, 1-48.
FIFA (2023). Professional Football Report 2023. Global Snapshot, 7-8.